– Buenos días señora Arcos, soy
Malena Gómez, la responsable de Recursos Humanos de esta empresa. Quiero
informarle que el puesto que se ofrece requiere una cualificación muy
específica aparte de responsabilidad, experiencia y resolución – dijo entrando
en el despacho, a modo de frío saludo la entrevistadora.
Malena se sentó con la espada muy
recta en un sillón que, estratégicamente, estaba unos centímetros más alto que el de su
entrevistada, la barbilla levantada hacia arriba, la mirada clavada en la mujer
que tenía en frente y la voz firme y segura.
– Lo sé. Por eso estoy aquí –
Respondió Laura con una voz firme que denotaba seguridad y aplomo.
– He revisado su curriculum y su cualificación no es la que requiere
el puesto. Es cierto que tiene experiencia en otros campos, pero en concreto,
en este sector no ha trabajado nunca;
Por otro lado, siento decirle que su edad no se ajusta a la requerida, ya que, como bien
sabe, en los requisitos se especifica “entre
25 y 35 años” con el objetivo de dar una
imagen joven y atractiva a nuestros clientes.
– Es cierto, ya paso de los cuarenta y le aseguro que me
siento joven, atractiva y además capaz
de trabajar duro y de resolver problemas y conflictos que puedan surgir de
manera inesperada.
– Perdone Sra. Arcos, pero no la
veo preparada para asumir la responsabilidad que conlleva ser la primera
imagen que verán nuestros clientes al entrar en nuestras instalaciones.
– ¿Se refiere a que me ve incapaz de indicar donde están los
despachos, los baños, o de atender una
llamada de teléfono después de llevar trabajado en oficinas veinte años?. Porque estamos hablando del puesto de recepcionista ¿verdad?, a ver si
estoy confundida y me está usted entrevistando para un puesto de ingeniero de
finanzas – dijo Laura con un gesto de asombro y una sonrisa fingida.
– Efectivamente es para recepcionista, por eso le insisto en la necesidad de que
el puesto sea para alguien que de la mejor imagen de nuestra entidad.
– Querida Malena, es una pena que usted le haga el juego a sus jefes-hombres-machos,
seleccionando con sus criterios y en base a una imagen diseñada por ellos, a
una joven guapa e inexperta a la que prometan ascensos si son simpáticas, agradables y sumisas con el staff, en vez de
valorar el bagaje, la soltura, el saber hacer y la mano izquierda de alguien
que sabe hacer su trabajo – dijo Laura levantándose de la mesa, y prosiguió
encaminándose hacia la puerta,
– La buena imagen la dará la empresa, no por la fachada de la
recepcionista, sino por el trato personalizado que reciba cada cliente, por la
complicidad que se establezca con cada uno de ellos, por la confianza que
ofrezca la persona que los trate... Y eso
es lo que yo le ofrezco.
Y si me permite Malena, ¿puedo preguntarle su edad?
Malena con los hombros relajados, levantándose y mirando a Laura con
media sonrisa en la comisura de los labios, le extendió su mano al tiempo que
le anunciaba:
– Laura, es usted la persona que buscamos.
Araceli Míguez
Octubre 2013
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