miércoles, 5 de noviembre de 2014

Raro despertar

Raro despertar

Suena el despertador como cada mañana y salgo de la cama somnolienta y dando tumbos, me dirijo al baño y mientras me dispongo a despójame del  pijama de franela me miro en el espejo y lanzo un angustioso grito.

Estoy confusa, mi aspecto me recuerda a alguien que conozco pero no atino a saber quién. Me exploro y veo mi cabeza rizada y canosa, las arrugas surcan mi cara y al mirarme el cuerpo descubro muchas cicatrices y una piel marchita por los años.

¿Qué me pasa?- me pregunto-  voy al salón y encuentro libros apilados, periódicos en varios idiomas y un sinfín de cosas extrañas que no sé para qué sirven. No reconozco ni el salón ni las demás estancias de la casa. Abro la puerta y salgo a un gran porche con butacas de madera y delante un pequeño jardín. Estoy perdida y desorientada, queriendo despertar de una pesadilla que me vuelva a una realidad conocida.

Vuelvo dentro y encuentro la cocina – me haré un té, a ver si me despejo- me digo y en ese momento descubro un ordenador sobre la encimera y no dudo en lanzarme sobre él como si la máquina tuviera todas las respuestas que busco.

Tecleo un buscador e introduzco las seis letras de un periódico que recordaba haber leído durante mucho tiempo, aparece de la pantalla una fecha increíble 12 de mayo de 2063 y en ese momento salen de la pantalla proyectados un conjunto de círculos que me rodean y me dejan dentro de una gran esfera desde la que, sólo dirigiendo mi retina hacia una imagen salen de un pequeño cubo, se expanden y me rodean, dejándome como un extra en la escena de una película, sólo que son noticias reproducidas virtualmente.

Después de asimilar varias noticias contemplando las escenas desde dentro, dirijo la vista hacia un cubo virtual que llama mi atención donde se ve en miniatura lo que parece ser una explosión y en ese momento la escena cobra vida y me veo entre  un gran número de personas apabulladas que ven pequeñas explosiones sobre sus cabezas.

Me acerco a un chico que habla solo, después descubro que está grabando con una pequeña cámara que lleva prendida en el hombro a modo de pin; deduzco que es un reportero o un periodista que está comentando el suceso.

Atiendo a lo que dice y quedo estupefacta; la NASA y las industrias armamentísticas junto a laboratorios de genética estaban trabajando en un experimento parecido a “Un mundo feliz”, basado en buscar un comportamiento humano sumiso y dirigido mediante el engaño del cerebro, que vería sólo aquello que los que habían pagado el experimento quisieran que viera y aceptara con agrado todo cuanto le fuera impuesto.

Miembros en la clandestinidad de un movimiento de resistencia habían entrado en los laboratorios saboteando el experimento poniendo una bomba en los depósitos de algo que me recordaba al “soma”.  La explosión fue liberando otros gases y sustancias destinadas a otros fines, entre ellas las destinadas a clonar, alterar los átomos e intercambiar la electricidad cerebral entre cuerpos humanos.

Cerré el ordenador y volví a dirigirme al baño para contemplarme nuevamente en el espejo, ahora sabía de quien era mi aspecto, no sabía si reír o llorar pues habían pasado 50 años desde la última fecha que recordaba y ahora no tenía la menor idea de por dónde debía comenzar a tirar del hilo para reconstruir ese periodo no vivido o no recordado.

Después de llorar, patear y maldecir pensé que no todo estaba perdido y que mi nuevo aspecto podría  ayudarme a buscar información sobre lo sucedido y encontrar a mi familia aunque dudaba de si los reconocería dada la catástrofe ocurrida, todos estaríamos irreconocibles.

Lo intentaría aunque no sabía la reacción de los míos cuando me presentara ante ellos metida en el cuerpo de Nelson Mandela.

Araceli Míguez


En la sala de espera

En la sala de espera

Son las 14 horas y 28 minutos;

Me encuentro en la sala de espera de Dermatología del hospital Virgen Macarena, escuchando por el altavoz un sinfín de nombres de pacientes que son llamados a las distintas consultas.

En los bancos corridos  metálicos con asientos de madera,  me fijo en las personas que están en la misma estancia.

A mi lado una señora de unos  sesenta y tantos años acompañada por un hombre también esperan. La oigo comentar algo de una operación de cadera de la que aún no se ha recuperado y  de los achaques que la tienen  fastidiada. El hombre,  calvo y obeso,  de unos 50 años le responde que también su rodilla está fastidiada y casi no puede andar.

Yo espero mirando mi móvil cada vez que suena un nuevo mensaje mientras mi hermana, que me acompaña, mira por la ventana.

Suena el teléfono y el hombre obeso lo mira y contesta de mala gana.

–Dime
()
– Pero si yo te dije que este fin de semana me iba de viaje. ¿Cómo voy a recoger a los niños?
()
– Que no te has enterado, que te cambié el del 3 por el del 24, ¿no te acuerdas?
()
– Imposible, hoy no puedo quedarme con los niños, avíatelas como puedas porque te lo dije hace tiempo y ya tengo mis planes hechos.
()
– No empecemos, que ya nos conocemos. Que es que no y punto. – Y diciendo esto suelta el teléfono en el banco, con evidente enojo.

–Voy al baño– dice con brusquedad, levantándose para entrar en la puerta cercana  donde se lee la palabra Aseos

A los cinco minutos regresa.

– Era Herminia ¿verdad? Pregunta la señora mayor con voz triste, devolviéndole el teléfono que él había dejado en el banco.

–¿Quién va a ser si no? Siempre lo mismo. Me quiere endosar a los niños en los puentes y cuando a ella le conviene para irse con el gilipollas ese en plan tortolitos. No le da vergüenza con la edad que tiene ir de la manita, como una adolescente. Pues  la lleva clara conmigo.

– Si tú te quieres irte a cualquier sitio, los niños se pueden quedar conmigo, que ya son mayores y no  me dan trabajo, pero no me habías dicho nada de irte este puente.

–No me voy a ningún sitio, mamá. ¿A dónde voy a ir sin un duro?  Pero no me da la gana que ella disponga de mí como si yo no tuviera otra cosa que hacer que estar cuando a ella se le antoje.

–Llámala y dile que los niños se quedan en casa conmigo y no la fastidies más. Se está ocupando de tus hijos todo el tiempo y no te puedes quejar de cómo los lleva, además es  aún joven y tiene derecho a divertirse y a enamorarse.

–Sí, eso. Que se divierta con la pensión de los niños que yo le paso todos los meses.

–Pero si los niños entre comida, colegio, ropa, zapatos, móvil, actividades y no sé que más, gastan más de lo que tú les pasas, ¿o crees que con los 400 € se puede criar a dos adolescentes?

–Será poco, pero yo tengo que vivir contigo porque no puedo pagarme un alquiler con lo que me queda, y ella viviendo como una reina, la muy..

Al otro lado del banco, dos señoras mayores sentadas junto a una joven con un apósito en la parte derecha de la cara, que  han oído la conversación lo miran con pena y asienten con la cabeza, dándole la razón.

En ese momento oigo mi nombre por el altavoz y me dirijo a la consulta nº 6 junto a mi hermana para que la dermatóloga colegiada nº 3451 me mire unas rojeces en la piel muy extrañas que me producen picor.

En ese momento veo aproximarse a un chico de unos doce años y una chica de unos catorce.

–Hola papá, hola abuela. Los saludan con besos en las mejillas.

–Pero…¿Qué hacéis aquí?– pregunta confuso el hombre calvo.

–Hemos recibido tu wappsap para que viniéramos aquí después de las clases para pasar el puente contigo. 

–¿Cómo? Pregunta abrumado el sujeto, buscando el móvil en sus bolsillos.

En ese momento, la mujer mayor se levanta y abrazando a los jóvenes les dice con una sonrisa
–Ya veis, vuestro padre está deseando de pasar con vosotros este puente y os va a llevar esta noche a cenar a la pizzería que tanto os gusta. ¡Qué suerte tenéis!

– Ante la cara de sorpresa del padre, los dos adolescentes abrazan a la mujer, le hacen un guiño y un gesto con la mano derecha cerrada y el pulgar  hacia arriba.

–¡Mola, abu!

Miro el rejoj, son las 14 horas y 53 minutos.


–Buenas tardes, soy la doctora Ana Jaén, siéntense por favor. Vamos  a ver esas rojeces que comenta el informe de su médico de cabecera…

Araceli Míguez  
25 minutos

lunes, 20 de octubre de 2014

II Certamen de relatos cortos "Día de los difuntos" Ateneo de Valencina

Ya está aquí el segundo certamen de relatos cortos sobre la festividad del día de los difuntos.

El concurso se regirá por las siguientes bases:

1. El certamen tendrá dos categorías:
Categoría Juvenil: participantes de 14 a 17 años.
Categoría Adultos: participantes mayores de 18 años.
2. Cada participante podrá presentar una sola obra a concurso que no haya sido
premiada en otro certamen.
3. El tema para este certamen es: “El día de los difuntos”. Las obras serán en español y la extensión máxima no superará las 500 palabras.
4. Las obras participantes se enviarán, exclusivamente vía E-mail, a la dirección de correo electrónico: certamenateneo@gmail.com .Cada participante remitirá dos ficheros pdf a la dirección facilitada. Uno de los documentos llevará por nombre la categoría en la que se participa y el título del relato presentado a concurso (éste deberá ser anónimo o ir firmado bajo seudónimo) y un segundo documento será la plica, en la que se hará constar el título de la obra, el seudónimo utilizado, nombre y apellidos del autor o autora, número de teléfono y dirección de E-mail para contacto.
5. No se mantendrá ningún tipo de comunicación entre el jurado y los/las  participantes en relación a sus obras.
6. El plazo de presentación comenzará a las 0:00 horas del 15 de octubre de  2014 y finalizará a las 24:00 horas del día 27 de octubre de 2014.
7. El fallo lo emitirá un jurado formado por tres componentes pertenecientes a
diversas áreas profesionales, dentro y fuera de la localidad. El fallo será inapelable y no podrá ser declarado desierto.
8. Habrá, para cada categoría, un relato ganador y dos finalistas.
9. El primer premio en ambas categorías consistirá en una placa de cerámica artesanal y un lote de libros. Para los/las finalistas habrá diploma. Además, los seis trabajos seleccionados, serán leídos durante el acto de entrega de premios.
10. los ganadores o ganadoras podrán formar parte del jurado para ediciones
posteriores, no pudiendo presentarse a concurso nuevamente. No así, los  finalistas.
11. Las obras presentadas, ganadoras o no, podrán ser empleadas en el transcurso de un año por el Ateneo de Valencina con compromiso de identificar en todo momento su autoría para la promoción de alguna actividad literaria o de animación a la lectura dentro de sus proyectos.
12. La entrega de premios tendrá lugar el jueves, 6 de noviembre de 2014, en la
Biblioteca Municipal “Alfonso Grosso” de Valencina de la Concepción (Sevilla) en el horario que para ello se determine y del que serán informados con antelación todas y todos los participantes del certamen.

Para más información: ateneodevalencina@gmail.com // certamenateneo@gmail.com

viernes, 17 de octubre de 2014

Arte en el cuerpo

La artista japonesa Chooo San es conocida por sus obras de "body art" realista.
Hoy os dejamos aquí una imagen de una de sus obras, como fuente de inspiración para alguna historia.
Podéis dejar vuestros relatos en los comentarios.

lunes, 28 de julio de 2014

Lápiz y papel, mercromina para las heridas

Coger lápiz y papel, o un teclado, y convertir los sentimientos en palabras es para muchos un alivio emocional. Sin embargo, la escritura va más allá de lo puramente emocional. Un reciente estudio de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) ha comprobado que escribir ayuda también a la cicatrización de las heridas físicas.
Elizabeth Broadbent, psicóloga del departamento de medicina que ha dirigido el estudio ‘Escritura expresiva y curación de heridas en personas mayores’, publicado en el número de julio de Psychosomatic Medicine, asegura que escribir sobre cosas tristes o sentimientos profundos de uno mismo ayuda a acelerar la cicatrización las heridas.
en esta investigación han participado adultos de 64 a 97 años. A los 49 participantes se les hizo una biopsia que dejó una herida en sus brazos, se les pidió que escribieran durante 20 minutos al día y cada cuatro o cinco días, los investigadores fotografiaron sus lesiones hasta que curaron. Una mitad relataba en un papel sus pensamientos, experiencias traumáticas y emociones, y la otra escribía sobre sus planes del día evitando mencionar aspectos sentimentales. A los once días, un 76,2% de integrantes del primer grupo ya había curado la herida, frente al 42,1% del segundo. La explicación a este fenómeno es que “el estrés y la depresión están relacionados con una curación de las heridas más lenta”, dice el informe. 
El artículo de elpais.com recoge el resultado de otras investigaciones que relacionan directamente la escritura con las emociones, así como algunos consejos para la escritura terapéutica del profesor James W. Pennebaker, experto en la escritura expresiva.

http://www.launiversidademocional.com/public/la_verdad/la_verdad.php?id=4