martes, 11 de octubre de 2016

¡Hola escritoras y escritores!
Después de mucho tiempo, volvemos a encontrarnos por la Red de redes.
Hoy, os dejamos un enlace con ideas para la creación del personaje.
Está sacado del blog Tinta al sol, de Yolanda González Mesa.
Esperamos que os sea de ayuda.
¡A crear!



miércoles, 31 de agosto de 2016

Recaída

Lo he vuelto a hacer.
Después de no sé cuánto tiempo oyendo con envidia cómo otras y otros lo hacían.
Después de meses sin acercarme a ellos por dejadez, apatía e incluso culpabilidad, ha ocurrido.
Este mes que he pasado enferma, en casa, viendo pasar las horas muertas me ha llevado a ello.
Comenzó como un murmullo, que acallaba con infantiles razones. Pero el susurro se fue convirtiendo en clamor a medida que pasaban los días de encierro obligado y una necesidad casi dolorosa me condujo a esto.
Con cierto escepticismo empecé, casi convencida de que sería como siempre: no podría.
Pero la realidad ha sido bien distinta.
Lo he hecho.
Ha vuelto a ocurrir.
He devorado un libro.

martes, 30 de agosto de 2016

Según sus reglas

Blanca se desnuda frente al espejo con los ojos cerrados. Mientras lo hace, se promete a si misma que no juzgará ni censurará ni una sola parte de su cuerpo.
Lentamente, con vergüenza, despega los párpados y observa su reflejo. De frente, de perfil, de espaldas. Por primera vez en mucho tiempo le gusta lo que ve.
Sus curvas están cambiando de lugar: pierde paulatinamente la que daba forma a su cintura y sus caderas, para ganar una en su vientre que, de manera casi imperceptible para los demás, va abultándose.
Acaricia la incipiente barriga con su mano y sonríe con una mezcla de ilusión, timidez y miedo en su mirada. Espera un inesperado tercer hijo. O hija, aún no sabe.
Recuerda la visita al ginecólogo unos días antes. La fuerza de un minúsculo corazón sonando en el ecógrafo. Su hijo, su hija, apenas una mancha en blanco y negro, vive dentro de ella.
Se emociona al pensar cómo algo tan pequeño, una mancha gris en un monitor, vuelve a cambiar su vida, a controlar su cuerpo, sus emociones, su alimentación, sus costumbres. Una pequeña mancha gris que hasta que no pasen unos meses no tendrá color, ni cara, ni nombre pero que ya exige, que ya reclama que pare, que duerma, que descanse y se alimente según sus reglas y necesidades. Que ya pide que la cuide y la proteja.
Blanca vuelve a sonreír a su cuerpo desnudo, a su aún poco abultado vientre sin sexo y sin nombre.
Se gusta, se quiere, y sabe que, al menos durante unos meses, verse en el espejo le provocará una tierna sonrisa.

domingo, 28 de agosto de 2016

Un cangrejo en la escalera

Flotadores a medio llenar esparcidos por el patio delantero.
Una canasta.
Una piscina azul con una cubierta verde.
Utensilios de jardinería junto a macetas llenas de plantas.
Tejadillos que descansan sobre la pared, esperando su momento.
(Detrás,) pelotas de diferentes tamaños y colores. Tendederos rebosando ropa infantil.

(Dentro,) un salón tapizado de juguetes. Un cuenco con comida perruna.
Un cangrejo naranja en la escalera.
Libros desperdigados por todas partes. Manoseados, sobados, contados una y otra vez a una niña de ojos grandes y a un niño risueño.
Un puzzle de Cars.
Pañales, biberones y chupetes que recobran protagonismo.
Sillitas de coche. Tres (ya).
Sonrisas cansadas pero plenas.

(¿Desorden?) Una casa viva.
Nuestra casa.

viernes, 6 de marzo de 2015

Estrecheces


Tras cinco años de carrera, dos másters y un doctorado Cum laude, en Arquitectura, creo poder afirmar con total seguridad que sé interpretar un plano, un render o un dibujo infantil sobre un piso.
Por fin el destino me brindaba la oportunidad de volver a mi pais. Mi empresa abría sucursal en Oporto, y me nombraban Jefa de Nuevas Construcciones Turísticas en el área luso-española. Así que decidí invertir todo el dinero ahorrado estos años como arquitecta de los hoteles Golden Dubai, en un piso en mi amada ciudad porteña.
Comprar sobre plano no me suponía ningún problema dada mi formación, aparte de que no me quedaba otra, si no quería perder el apartamento al que había echado el ojo en mi última visita familiar.
Caro, sí, pero me lo podía permitir. Pequeño, sí, apenas 65 metros cuadrados según plano, pero en plena Rúa das Flores, a mano de todo. Cerca de la Ribeira, de la Estación de San Bemto, de Aliados y de Clérigos... Y en una calle peatonal llena de vida.
Muy pequeño en comparación con mi loft de 237 metros cuadrados, sí, pero me acostumbraría.
Era el piso perfecto.
Juro por Dios que en el plano aparecían tres habitaciones: salón con cocina americana, dormitorio y baño, además de un minúsculo balcón.
Eso compré, por eso pagué y eso me encontré cuando me mudé allí hace un mes. Tres habitaciones que encargué amueblar desde mi anterior y espaciosa residencia en Dubai.
Reconozco que ya sentí algo extraño el primer día. Una opresión en el pecho nada más entrar, que me asustó un poco, pero que concluí serían los nervios de la mudanza, el nuevo cargo y la vuelta a mi ciudad.
Las primeras noches que pasé en mi nuevo, aunque pequeño, hogar, al acostarme, sentía como si el apartamento respirase y hasta se desperezase. Sí, mi piso parecía practicar estiramientos mientras yo intentaba dormir y adaptarme al nuevo espacio.
Primero pensé que eran sueños míos que una vez despierta seguían resonando dentro de mí, pero aquello no podía ser sólo un sueño.
El sofá chaise longe, que mandé hacer a medida porque si no no cabría en el mínimo salón, ahora no sólo cabía, sino que a su lado había aparecido un hueco para una mesita auxiliar, un revistero grande o una lámpara de lectura.
En mi baño, con placa de ducha de 70 por 70, me he encontrado, inexplicablemente, una bañera con patas doradas, idéntica a la que mi abuela Casilda me dejó en herencia.
Hace menos de una semana, encontré el estante especiero roto en el suelo, y todos los botes de especias desperdigados por la cocina, porque misteriosa y sorprendentemente, las alcayatas que lo sujetaban se habían separado 33 centímetros la una de la otra.
Mi piso respira, agente, respira, y se despereza y se estira. Y lo hace por la noche, señor agente, que es cuando estoy yo en casa. Lo hace mientras duermo, o mientras intento dormir, para ser más exactos.
Hace ya trece días que no pego ojo.
¿Que por qué sigo viviendo allí si me provoca tanto estrés? Comprenderá que para una arquitecta de prestigio como yo, no deja de ser fascinante intentar descubrir cómo puede suceder algo así en el espacio.
Los demás apartamentos del edificio siguen midiendo 65 metros cuadrados útiles, mientras que el mío había llegado ya a los 87.
Bueno, eso hace tres días. Porque desde entonces la cosa ha empeorado. Cuando desperté el primer día me encontré con una puerta que antes no estaba. Temblando la abrí y, ¿sabe qué había? Otro dormitorio, con un ventanal enorme, precioso. Amueblado y todo.
Pero es que el jueves apareció un trastero y ayer, ayer, una escalera. ¡Una escalera!
¿Que qué ha aparecido hoy? No lo sé, señor agente. Algo seguro, porque cuando ustedes han venido a detenerme justo volvía a escuchar el estruendo que precede a la aparición de un nuevo cuarto, pero con su llegada, no he podido verlo.
Por cierto, ¿por qué estoy retenida en esta comisaria?

Señora Lello, usted se ha dedicado a tirar los tabiques del apartamento contiguo con una machota aprovechando que los dueños estaban de viaje.
Esta noche, al llegar de su periplo, la descubrieron en su cocina, con ojos enloquecidos y martillo en ristre, a punto de tirar la pared del otro apartamento.